viernes, 6 de enero de 2012

La pasión de todo buen mexicano.

    
FUTBOLERO DE HUESO COLORADO

"¿Has tenido que aguantarle a tu mamá, a tu novia o hasta tus propios amigos más de una cantaleta porque te encanta el fútbol, porque pasas horas jugándolo o viéndolo en el estadio o por televisión? ¿No es el sueño de todo mexicano, bien mexicano, futbolero hasta el hueso, vivir, comer  y soñar con fútbol?"

Por Elisa Trejo Salazar

El fútbol, es por excelencia, el deporte más difundido en México. Tiene tanta influencia y es de fácil acceso que no distingue fronteras entre clases sociales, sexo, religión, etc. Desde grandes estadios, canchas de fútbol rápido, parques o entre calles, esta actividad despierta y moviliza las más grandes emociones y descubre una pasión que une al pueblo mexicano. Aunque no siempre fue así.

En México existió un juego muy parecido al fútbol en los tiempos prehispánicos con los toltecas, sin embargo, su origen como tal, se remonta a fínales  del siglo XIX, cuando el juego consistía en una práctica exclusiva de un grupo social, integrado por inmigrantes británicos y personas de la elite criolla local. En ese entonces los partidos se llevaban a cabo en lugares especiales, dedicados y construidos sólo para el fútbol, normalmente se encontraban en clubes sociales de gran prestigio que incluían otros lugares de esparcimiento y recreación.
                A pesar de esto, más tarde,  el fútbol lograría superar las barreras sociales y culturales que esta elite había consagrado para pasar a ser la actividad deportiva preferida por la gran parte de la población. En las primeras décadas del siglo XX, los clubes de fútbol desarrollaron otras actividades deportivas, culturales y económicas, a fin de agregar más cualidades y convertirlo en un negocio, espectáculo, show, mercadotecnia, etc.,  De esta forma, el fútbol beneficiaría a jugadores, técnicos, empresarios, vendedores  informales, agencias de publicidad, medios de comunicación masiva (TV, radio, prensa), como hasta el día de hoy sucede.
                Actualmente el fútbol se ha enmarcado como un deporte profesional, masivo, institucionalizado en clubes-empresas que hacen negocio con ello, brindando a los simpatizantes una serie de opciones, desde ver el partido en vivo, como por televisión, internet, escucharlo por la radio o en su defecto leer la reseña y cautivarlos con ello, logrando envolverlos en este mundo.
                Ahora bien, hablaremos del grupo social que más se ve influido por esta pasión: los jóvenes. Pues ellos no sólo son espectadores, sino que en su mayoría también lo practican. Cuando llega  la hora de demostrarlo en la cancha, fielmente acuden al llamado aquellos que dicen que se lleva en la sangre, sin importar lo que cueste.
                Y es que, llueva, truene o relampagueé, el partido debe llevarse a cabo, pues representa una pasión, una forma de expresión, trasciende más allá de un simple juego. Para todos los que forman parte de esto, es un acto sublime, digno de celebrarse.
                El fútbol es un deporte imprescindible, ya que ni siquiera los 22 jugadores que se encuentran en la cancha  saben lo que pasará y esa expectativa es la que los mantiene todo el tiempo con la adrenalina al 100 por ciento, pero también se puede decir del fútbol que es un deporte de resistencia pura. Se dice que en los primeros 90 minutos del juego se recorre un equivalente  de entre 8 y 12 kilómetros y aunado a eso se necesita también una gran agilidad mental para poder construir estrategias con rapidez que contrarresten el ataque del otro equipo.
                No es entonces algo fácil, se requiere una práctica constante. En este contexto, debemos revisar, que es lo que motiva a los jóvenes a ser fieles, como decimos “a la camiseta” y no faltar a los partidos de su equipo tanto profesional como aquellos de las ligas a las que pertenecen.
                Lo primero que debemos decir es que el fútbol es único y se caracteriza por que es  simple, fácil y barato.  Luego de esto viene la cultura inculcada por las familias mexicanas, dónde cada fin de semana el padre de familia se sienta a ver el partido, influyendo a sus hijos, sobre todo a los varones y transmitiéndoles ese espíritu futbolero que en la mayoría de los casos es de hueso colorado.
                Con esto, el niño se va formando un ideal. Adopta un equipo y comienza a seguirlo. Así empieza su pasión por el fútbol, pues como se sabe, los niños hacen lo que ven, imitan y de esta manera queda inculcado en ellos este fundamento.
                Con el paso del tiempo no sólo se dedica a ver partidos con su familia, sino que inicia la práctica. Asiste ya sea a un equipo en una liga de fútbol rápido o simplemente sale con los amigos de la colonia a jugar en un parque o a media calle. Con esto, desarrolla la técnica y habilidad del juego y se forma un criterio personal.
                La dependencia a este juego, se vuelve mayor a medida que juega constantemente y más aquellos que se encuentran inscritos en un torneo. Aquéllos que tienen el sueño de ser futbolistas profesionales, además de que se forma un lazo fuerte con toda esta sociedad futbolera.
                Cabe mencionar que jugar en un partido (mayormente en los profesionales),  trae consigo gran prestigio, ya que muchas de las ligas de fútbol, actualmente están patrocinadas por toda clase de marcas y de esta forma las marcas explotan la comunicación para vender sus productos. Esta es una de las estrategias más funcionales para vender, comunicar e innovar.
                Por otra parte, el fútbol crea una identidad en los jóvenes, los hace sentirse parte de un lugar. De un equipo. Esto liga al joven por cuanto lo hace sentir bien.

                El fútbol no sólo es un deporte sino también un arte. Así podemos ver que cada jugador puede imprimir su estilo propio. Pero también lo podemos apreciar desde otra perspectiva: la diversión.


Para muchos jóvenes es una fuente de entretenimiento. Desde ver el partido con una buena dotación de cervezas y botanas, hasta el poder arriesgar todo para ganar. Otras personas, como los psicólogos por ejemplo, afirman que el fútbol es un medio para canalizar la violencia, y en muchos casos lo es.
         Algunas personas más piensan que el fútbol es un espacio de integración. Pues al ir a un estadio no importa realmente la clase social, sino cuánto pagaste por estar en ese lugar y desde este punto, permite la convivencia de clases. Y a la hora de echar porras es lo mismo. Todo el que apoya a un equipo une voces e incluso brazos para poder hacer notorio su postura en el partido. Aunque muchos partidos terminan en disputas, sin embargo aún en ese aspecto se unen.              
                Finalmente podemos decir que la sociedad mexicana está ligada a esta pasión futbolera y no hay mejor manera de entenderlo más que vivirlo en carne propia. Es parte de la cultura que nos rodea y que aún cuando está presente, a veces no nos percatamos de la gran influencia que es en las todas las vidas, sí, en todas, porque aquellos que no son seguidores o futboleros, bien o mal sufren las consecuencia de ellos, por ejemplo las celebraciones en el ángel de la independencia o simplemente al momento de ver televisión el fin de semana se dan cuenta de cuántos canales transmiten este deporte.
                Esta es la vida de los aficionados o futboleros de México que simbolizan una pasión desbordante, y si ti eres uno de ellos, seguramente te habrás identificado con esto. La próxima ves que te digan una cantaleta sólo di soy futbolero de hueso colorado.

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