Cuna de tradiciones mexicanas
Por Elisa Trejo Salazar
5 de noviembre de 2009
El 2 de noviembre comenzaba a declinar, pocas horas faltaban para concluir con la magna fiesta de Día de muertos. Sin embargo, el pueblo de San Andrés Mixquic seguía recibiendo a todos los visitantes con las manos abiertas, y no es para menos, pueseste pueblo es considerado como cuna de tradiciones y referente al culto a los muertos lleva este lema “Vestigios de una cultura que rinde tributo a la muerte”.
Mixquic es un pueblo náhuatl, cuya traducción es Miquiztli (rostro de la muerte). El culto de los muertos en nuestro país es de origen prehispánico. Los nahuas tenían dos fiestas importantes: EL MICCAILHUITL (fiesta de los muertos pequeños) y EL HUEY MICCAILHUITL (fiesta de los muertos grandes). Actualmente este pueblo conserva las tradiciones heredadas de nuestros ancestros colocando ofrendas para rendir honor a los difuntos.
El atractivo principal de esta celebración son las ofrendas, las cuales se encuentran en los diferentes puntos importantes del pueblo: la más grande en la escuela primaria Cristóbal Colón; luego en el edificio municipal, seguido de la biblioteca y no puede faltar el lugar más representativo: el panteón.
En el panteón se dieron cita familias enteras, que se encargaron de adornar y ambientar las tumbas de sus seres queridos para así compartir una noche de fiesta por su visita. Acompañados de una serie de cosas como comida, bebidas, música, bailes y más.
En cuanto a la ofrenda estelar, debo mencionar que en ella participan alumnos, padres de familia y profesores. Dicha actividad fomenta la unión familiar, pues se unen también adultos mayores que dotan al pueblo de su sabiduría. Así, la ofrenda adquiere un verdadero significado. Se toman en cuenta todos los elementos con simbolismos ancestrales: el agua, fuente de vida; sal, elemento de sabiduría, purificación e invitación al banquete; vela, amor eterno, luz; las cañas, los huesos humanos; el gollete, la cabeza del ser humano; incienso, ofrenda a los dioses; flores blancas, pureza; flores amarillas, luz para no perder el camino; petate, descanso; juguetes, en el caso de los niños; comida, dependiendo el gusto del difunto, etc. Estos son los básicos solamente.
Pero esta celebración no termina ahí. Durante todo el día hubo una serie de eventos que amenizaron y reflejaron más aún el verdadero valor de esta fecha. Se preparó un programa conmemorativo a manera de ceremonia. Desde conciertos de música gótica, en donde los integrantes del grupo musical estaban muy bien caracterizados, un tanto tenebrosos pero que sin duda alguna retrataban a la perfección el día; obras de teatro, con temas como Juanito y el castillo embrujado o La calaca pirulina; poemas dedicados a la muerte, narraciones de leyendas y de terror, y un sinfín de performances, danzas, talleres para elaborar globos de cantoya, etc.
En la plaza principal se podían apreciar múltiples personas caracterizadas de catrinas y jacks, con vestidos ampones y trajes de levita, algunas deambulando y otras en posición de estatua. Provocaba una sensación unificadora. No sólo estaban como parte del paisaje sino que al final del día el mejor disfraz tendría un premio, a la par del mejor platillo típico. A esto se unía un auditorio montado en donde se llevaron a cabo todas las actividades mencionadas anteriormente.
Después de todo esto, percibí que cada lugar tenía un tema específico. Se notaba más en cada una de las ofrendas, pues mientras unas retrataban la ofrenda al estilo prehispánico, la ofrenda magna tenía por tema el bicentenario, próximo a celebrar en México. Así que cada detalle contenido en ella, reflejaba un tinte guerrillero y con sabor a independencia.
Qué más decir de Mixquic, mágico, con sazón delicioso y que siempre recibe con las manos abiertas. Es la cuna de las tradiciones mexicanas. Sólo una muestra de lo que algún día fue el verdadero culto a la muerte.





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